sábado, 11 de febrero de 2017

Volcán El Altar
El Altar es un volcán extinto localizado en el centro de Ecuador, en la Cordillera Oriental de los Andes a unos 20 km al este de Riobamba. Se halla al interior en el Parque nacional Sangay, provincia de Chimborazo. El volcán recibe su nombre debido a las formas que adoptan sus numerosos picos, semejando el altar de una iglesia colonial.
La composición dominante de basaltos hace que aparezcan numerosos lagos coloreados en el volcán. La caldera del volcán, llena de cuevas, recibe un pequeño flujo de agua de estos lagos. Se estima que la última erupción tuvo lugar en 1490.
Los españoles, quienes le otorgaron el nombre actual, nombraron la cumbre norteña como Canónigo, la cumbre del este como Tabernáculo y la cumbre meridional como Obispo.

Trekking o Senderismo

El valle del Collanes es generalmente el punto de partida en lo que a senderismo se refiere y uno de los principales sitios de visita hacia el volcán, desde donde se puede observar el paisaje y sus cumbres nevadas. En general se requiere un nivel físico bajo para realizar la ruta, además no se requiere de un nivel técnico.
Es este volcán visitado especialmente por la presencia de una variedad de lagunas como la Amarilla, Quindecocha, Estrellada, Verde, Azul, Mandur, Pintada, entre otras que se hallan a los pies del Altar; el color de muchas de ellas es resultado de la presencia de minerales derivados de las paredes volcánicas. Además, como es una elevación semi desértica debido a su altitud y a lo agreste del terreno circundante, la cumbre que sube al cráter de hielo puede ser ascendida en dos días. Existe un refugio para poder pasar la noche.

lunes, 24 de febrero de 2014

 

La generacion de los decapitados 

Nombre con el que el escritor Raúl Andrade bautizó al grupo de poetas de la generación modernista ecuatoriana. Ellos son: Arturo Borja y Humberto Fierro (quiteños); Medardo Angel Silva y Ernesto Noboa y Caamaño (guayaquileños).
Por su profunda identificación con los «poetas malditos» Baudelaire y Verlaine (franceses), Andrade la llamó Generación Decapitada «aludiendo simbólicamente el hecho criminal de su autovictimación consciente a través de las lecturas exóticas, la bohemia y los estupefacientes que les fue pasión caracterizante en la corta existencia que llevaron» (Rodrigo Pesantez Rodas.- Literatura Ecuatoriana, p. 25).
A los nombres dados anteriormente hay que sumar los de Alfonso Moreno Mora (cuencano) y José María Egas (manabita), que no sucumbieron ante esas negativas influencias, pero que complementan lo que fue la plana mayor del modernismo ecuatoriano.